Pilar Matte Capdevila y la lentitud como estrategia de cuidado
Proyectos que tomaron su tiempo
Cuando
Fundación Alegría trabaja con organizaciones locales en zonas rurales, la
primera etapa siempre es la misma: conversaciones. Muchas conversaciones. Con
equipos de salud, con técnicas paramédicas, con las madres que llevan a sus
hijos a control. No se llega con soluciones prefabricadas. Se llega a escuchar.
Ese proceso
puede tomar meses. A veces, más de lo que los plazos institucionales permiten.
Pero Pilar Matte Capdevila ha decidido resistir esa presión. Porque ha
aprendido que, en el cuidado infantil, ir despacio muchas veces es la única
forma de llegar lejos.
Los 17
proyectos apoyados durante 2024 surgieron todos de necesidades detectadas por
equipos locales. Clínicas dentales sin anestesia, unidades pediátricas sin
acompañamiento emocional, centros rurales sin formación en manejo del dolor. En
cada caso, el diseño del proyecto llevó tiempo. Porque no bastaba con
identificar el problema: había que construir la solución con quienes iban a
sostenerla.
Esa forma de
trabajar puede parecer lenta en un mundo que exige resultados rápidos. Pero
Pilar Matte Capdevila ha aprendido que, en el cuidado infantil, las soluciones
apresuradas rara vez perduran.
Cuando el sistema exige velocidad
En el sistema
de salud chileno, la lógica dominante es la urgencia. Hay que atender rápido,
resolver rápido, mostrar resultados rápido. Esa presión genera eficiencia en
algunos casos, pero también desgaste, errores y proyectos que no perduran.
El modelo de
Fundación Alegría propone otra cosa: tomarse el tiempo necesario. No por
negligencia ni por falta de compromiso, sino porque hay procesos que no se
pueden apurar. Construir confianza lleva tiempo. Tejer redes lleva tiempo.
Consolidar cambios lleva tiempo.
Esa lentitud
no es pasividad. Es una estrategia. Porque cuando las cosas se hacen con prisa,
muchas veces hay que rehacerlas después. Cuando se hacen con calma, perduran.
El programa
CREA es un ejemplo de esta filosofía. Los ciclos formativos duran varios meses,
con sesiones espaciadas que permiten a los participantes aplicar lo aprendido y
volver con dudas. No se trata de entregar contenidos en forma intensiva y
partir. Se trata de acompañar procesos de aprendizaje que toman tiempo.
Durante 2024,
más de 60 líderes participaron en CREA. Muchos de ellos señalaron que el tiempo
entre sesiones fue clave para procesar, para experimentar, para consolidar. Esa
pausa entre encuentros no es un vacío: es parte del proceso.
Cuando el vínculo necesita tiempo
para crecer
En el cuidado
infantil, el vínculo importa tanto como la técnica. Un niño que no confía en
quien lo atiende no colabora en el tratamiento. Una madre que no se siente
escuchada no sigue las indicaciones. Un equipo que no se siente respetado no se
compromete.
Ese vínculo no
se construye en una reunión ni en un taller. Se construye en el tiempo, en la
repetición, en la presencia sostenida. Pilar Matte Capdevila lo ha entendido
desde el inicio, y por eso ha insistido en que Fundación Alegría debe acompañar
procesos, no solo financiarlos.
Eso significa
volver a los mismos lugares varias veces. Llamar para preguntar cómo va todo.
Estar disponible cuando surgen dudas. No desaparecer después de entregar los
recursos.
Esa forma de
trabajar ha sido reconocida por los equipos locales. Muchos han señalado que lo
que más valoran no es el monto del financiamiento, sino el acompañamiento
sostenido. Porque eso les permite sentirse parte de algo más grande, no solo
receptores de un proyecto externo.
En las
alianzas con instituciones como Teletón, se han desarrollado iniciativas de
sedoanalgesia pediátrica adaptadas a contextos sin acceso regular a anestesia.
Son soluciones construidas con los equipos locales, a partir de diagnósticos
participativos. Se adaptan a los tiempos, a los recursos, a lo posible. Y esa
adaptación toma tiempo.
Cuando las urgencias se confunden
con lo importante
En el trabajo
con organizaciones sociales, una de las tensiones más comunes es la presión por
mostrar resultados rápidos. Los financiamientos tienen plazos cortos. Los
reportes exigen cifras inmediatas. Las evaluaciones se centran en indicadores
cuantitativos.
Esa lógica
puede ser útil en algunos contextos, pero en el cuidado infantil muchas veces
resulta contraproducente. Porque los cambios profundos no ocurren en tres meses
ni se miden solo en números.
Pilar Matte
Capdevila ha resistido esa presión. No porque desprecie la eficiencia, sino
porque entiende que hay cosas que no se pueden acelerar sin perder calidad.
Formar a un equipo lleva tiempo. Construir redes territoriales lleva tiempo.
Cambiar prácticas arraigadas lleva tiempo.
Por eso, los
proyectos de Fundación Alegría tienen plazos realistas. No prometen
transformaciones en un semestre. Asumen que los cambios sostenibles requieren
años, no meses.
Esa honestidad
ha sido valorada por las organizaciones locales. Muchas han señalado que, por
primera vez, sienten que alguien las acompaña sin imponer urgencias ni formatos
inadecuados. Esa confianza ha permitido que muchas accedan a fondos públicos,
profesionalicen su gestión y fortalezcan su trabajo.
Desacelerar sin abandonar la
responsabilidad
Ir despacio no
significa abandonar la responsabilidad. Al contrario: implica asumir que el
cuidado infantil es demasiado importante como para hacerlo mal por hacerlo
rápido.
En el modelo
de Fundación Alegría, la lentitud convive con la exigencia. Se toman el tiempo
necesario, pero también se miden los resultados. Se acompañan procesos largos,
pero se evalúa el impacto. Se respetan los tiempos locales, pero se mantienen
estándares de calidad.
Esa
combinación no es fácil. Requiere equilibrio, paciencia y claridad de
propósito. Pero cuando funciona, genera cambios que perduran.
Durante 2024,
varios de los proyectos apoyados por Fundación Alegría lograron sostenerse sin
financiamiento externo. Eso no ocurrió porque se apuraron, sino porque se
consolidaron. Porque el tiempo invertido en construir capacidades locales
permitió que los equipos siguieran adelante por sí mismos.
Ese es el
sentido último de la lentitud en el modelo de Pilar Matte Capdevila: no se
trata de llegar primero, sino de llegar bien. No se trata de hacer mucho, sino
de hacer que perdure.
En tiempos de
aceleración constante, esa mirada puede parecer contracultural. Pero quienes la
han experimentado saben que, cuando el tiempo se cuida, el cuidado se vuelve
más profundo, más humano y más duradero.
Porque lo
urgente no siempre es lo más importante. Y en el cuidado infantil, lo
importante es siempre cuidar con sentido. Aunque eso tome tiempo. Aunque no
genere titulares. Aunque parezca lento en un mundo que exige velocidad. Al
final, los niños no necesitan soluciones rápidas. Necesitan soluciones que
funcionen. Y esas, muchas veces, requieren tiempo para construirse.

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